Cuando era niño y veía a mi padre comprar varios sacos de arroz para su negocio, no entendía por qué adquiría tanto. A mis ojos, parecía excesivo. Con el tiempo comprendí que no se trataba de acumular por capricho, sino de previsión.
Mi padre sabía que los proveedores no siempre podían llegar a Constanza. La carretera estaba en mal estado, el trayecto tomaba horas y había momentos en los que simplemente no había forma de reabastecerse. Tener inventario suficiente no era un lujo, era una decisión estratégica para poder cumplir con quienes acudían día tras día a buscar los alimentos para sus familias.
Esa lógica —anticiparse, entender el contexto y actuar con criterio— es la misma que hoy considero hacen falta en muchas áreas del ecosistema digital.
Cuando el desconocimiento se disfraza de experto
Cuando no se domina un tema, se cometen torpezas. Y esas torpezas no solo afectan a quien las ejecuta, sino a toda la industria en la que opera. Esto es exactamente lo que estamos viendo hoy en la publicidad digital.
Cada vez es más común encontrar personas que se venden como “expertos” en diseño e implementación de estrategias publicitarias, pero cuyos resultados no respaldan el discurso. Las quejas se multiplican, los anunciantes se frustran y la percepción general de la publicidad digital se deteriora.
El problema no es la herramienta.
El problema es la improvisación vendida como conocimiento.
Segmentaciones mal hechas: el origen del problema
Un ejemplo claro de este deterioro ocurre cuando se diseña una campaña dirigida a un público muy específico y, aun así, comienzan a llegar mensajes de personas que no encajan en absoluto con el perfil definido.
Es fácil culpar a la plataforma —y aunque estas no son infalibles— el fallo principal suele estar en la ejecución. Muchos de estos supuestos especialistas trabajan con segmentaciones mal construidas, poco precisas o directamente erróneas.
En lugar de afinar, abultan.
En lugar de filtrar, mezclan.
El resultado es una base de datos contaminada desde el origen.
Clústeres de audiencias deformados
Hoy intentas lanzar una campaña dirigida a profesionales, casados, de ingresos altos, y lo lógico sería esperar respuestas acordes a ese perfil. Sin embargo, lo que recibes es una avalancha de solicitudes de personas que no cumplen con ninguno de esos criterios.
¿Dónde está el problema?
En que, antes, otros actores —sin conocimiento ni experiencia— ejecutaron campañas similares de forma incorrecta, muchas veces por poco dinero y sin metodología. Al hacerlo, engrosaron los clústeres de audiencia con perfiles que no califican.
Cuando nuevas marcas o agencias apuntan a esos mismos segmentos, la plataforma ya los tiene “aprendidos” como válidos. Y ahí comienza el verdadero desastre: el sistema responde con volumen, pero no con calidad.
De la facilidad aparente a la cirugía de precisión
Antes, este tipo de acciones podían ejecutarse con mayor efectividad. Había menos ruido, menos improvisación y menos distorsión en los datos. Hoy, en cambio, obtener audiencias realmente calificadas se ha convertido en una odisea.
La publicidad digital dejó de ser un ejercicio mecánico.
Hoy requiere precisión quirúrgica, experiencia real y un profundo entendimiento de cómo se construyen, se dañan y —sobre todo— se corrigen los clústeres de audiencia.
Solo así se puede volver a entregar al cliente lo que realmente necesita: resultados que tengan sentido para su negocio, no solo números para un reporte.