Desde el anuncio oficial de que Bad Bunny sería el protagonista del tradicional show de medio tiempo del Super Bowl, se activó el debate.
Muchos se enfocaron en si era el artista correcto.
Otros cuestionaron si podía estar a la altura de las leyendas que le antecedieron.
Algunos calificaron el show como flojo.
Pero mientras la conversación pública giraba en torno a lo artístico, en el corazón de la NFL solo había una meta clara: crecer.
Y crecer no en rating. Crecer en mercado.
La NFL no estaba evaluando talento, estaba evaluando demografía
La NFL enfrenta un reto estructural que pocas veces se menciona:
- Solo el 22% de su audiencia está por debajo de los 35 años.
- Es una de las ligas con audiencia más envejecida comparada con otras en términos globales.
- Su penetración masiva está concentrada en Estados Unidos.
- Fuera del territorio norteamericano, el seguimiento es limitado.
Es decir, la liga es dominante en casa, pero vulnerable en el futuro.
La pregunta entonces no era si Bad Bunny “daría un buen show”.
La pregunta era: ¿Puede ayudarnos a rejuvenecer y globalizar la marca NFL?
El verdadero objetivo: expansión internacional y conexión latina
La NFL no buscaba simplemente un performance memorable.
Buscaba:
- Mayor visibilidad fuera de Estados Unidos.
- Conectar con audiencias latinas dentro y fuera del país.
- Rejuvenecer su base de fanáticos.
- Insertarse con fuerza en la conversación cultural global.
Bad Bunny no es solo un artista.
Es una marca global con alcance transversal en:
- Gen Z
- Millennials
- Mercados latinoamericanos
- Ecosistema digital
Y eso, estratégicamente, tiene más peso que cualquier crítica artística.
Los números hablan
Según datos de Nielsen:
- La audiencia del halftime rondó los 128.2 millones de espectadores en EE. UU.
- Más de la mitad de los espectadores en Estados Unidos mostraron satisfacción con el show.
- En México, la aprobación alcanzó un 74%.
Pero donde realmente se evidenció la jugada estratégica fue en digital:
- Aumento del 137% en impacto social respecto al año anterior.
- Miles de millones de visualizaciones en redes en las primeras 24 horas.
- Conversación orgánica global.
La NFL logró lo que buscaba: que millones de personas que no hablan normalmente de fútbol americano hablaran de la NFL.
Eso, en términos de marca, es oro puro.
El efecto Bad Bunny: impacto económico real
Del lado del artista, el impacto fue igual de contundente:
- 23 canciones en el Top 100 global de Apple Music.
- “DtMF” alcanzó el #1 global.
- En Spotify, incremento de más de 470% en streams en EE. UU..
- Incrementos globales superiores al 200%.
- Explosión en búsquedas en Shazam durante y después del show.
Esto confirma algo importante:
El halftime show ya no es solo televisión.
Es una plataforma de activación global de consumo.
¿Fue un riesgo?
No.
Fue una decisión basada en:
- Tendencias demográficas.
- Crecimiento del mercado latino en EE. UU.
- Estrategia de expansión internacional.
- Consumo digital y cultura pop como aceleradores de marca.
La NFL entendió algo que muchas organizaciones todavía no comprenden:
El entretenimiento es el vehículo, pero el objetivo es la expansión.
La conclusión
La NFL no eligió a Bad Bunny para agradar a los críticos musicales.
Lo eligió porque representa:
- Juventud.
- Globalización.
- Cultura.
- Conversación digital.
- Mercado latino en crecimiento.
El show podrá gustar o no gustar.
Pero estratégicamente, cumplió su misión:
Posicionar a la NFL en un escenario cultural más amplio y sembrar terreno en audiencias donde todavía no domina.
Y en un negocio que depende del futuro demográfico, eso vale mucho más que una reseña artística.